jueves, 17 de enero de 2013


INVALIDACIÓN EMOCIONAL

La educación emocional es tanto o más importante que la educación académica, sin embargo, muchas veces se pone el énfasis en ésta última. Es fundamental para un/a niño/a crecer en un ambiente que valide sus emociones. Un contexto invalidante conjugado con una predisposición a la vulnerabilidad emocional, a largo plazo, puede impactar negativamente en el desarrollo de la personalidad. 
El ambiente invalidante es un contexto en el que recurrentemente se responde en forma inapropiada a las experiencias privadas, especialmente durante la niñez. Es decir, minimizar, trivializar o responder  de manera extrema a la comunicación de preferencias, pensamientos y emociones. Los/as niños/as que tienen una predisposición biológica a la desregulación emocional no estarían en las mismas condiciones de aprender, a través de su ambiente, habilidades para modular sus emociones: nombrarlas, calmarse, tolerar el malestar, confiar en sus respuestas emocionales. Esto puede traer aparejada una tendencia a la autoinvalidación. La misma implica invalidar las propias respuestas emocionales, pensamientos, creencias y conductas, acompañada de expectativas  desmedidas en relación a uno mismo. Esto puede tener como consecuencia  reacciones de enorme vergüenza, odio e ira hacia sí. La persona suele sentir inadecuadas las emociones que experimenta porque no aprendió a reconocer cuando una respuesta emocional es adecuada a determinada situación.
Por eso una educación saludable incluye, necesariamente, validar las experiencias emocionales y enseñar a regularlas. 
Lic. Andrea Recchia
EPICO

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